La calima en Canarias ha estado estos días y dejó algo más que cielos turbios. En islas como Fuerteventura, el fenómeno marca el ritmo del aire y del mar.
La entrada de polvo sahariano, visible en buena parte del archipiélago, responde a una situación atmosférica habitual en las islas. El viento arrastra partículas desde el Desierto del Sahara, elevando la temperatura y reduciendo la visibilidad.
En Fuerteventura, el episodio se ha dejado notar con intensidad. La calima en Canarias ha provocado cielos opacos y una sensación térmica más alta de lo habitual, afectando a la vida diaria.
La calima en Canarias y su origen mineral
El polvo que llega no es simple suciedad. Gran parte procede de zonas como la depresión de Bodélé, en Chad, considerada una de las mayores fuentes de polvo del planeta.
Ese material contiene minerales como fósforo y hierro. Al depositarse en el océano, actúa como fertilizante natural y alimenta al fitoplancton, base de la cadena marina.
Además, no todo se queda en el archipiélago. Parte de ese polvo logra cruzar el Atlántico y alcanza regiones como el Amazonas, donde contribuye a enriquecer los suelos.
Vientos alisios y previsión de mejora
La evolución de la calima en Canarias depende en gran medida de los vientos alisios. Cuando estos soplan con fuerza desde el noreste, limpian la atmósfera y devuelven la estabilidad.
Las diferencias entre islas también influyen. Territorios como Fuerteventura o Lanzarote, más áridos y con menor altitud, sufren más estos episodios. En cambio, islas como Tenerife o La Palma retienen mejor la humedad y frenan la entrada de polvo.
Aunque la calima afecta a la calidad del aire y a la visibilidad, también forma parte de un sistema natural que conecta continentes y sostiene ecosistemas. Un fenómeno habitual en Canarias que, más allá de sus molestias, tiene un papel clave en el equilibrio del planeta.






