Mientras algunos medios corrían para publicar titulares rápidos sobre la desaparición de una mujer en Corralejo, otros decidieron hacer algo más incómodo: estar al lado de la familia. La cobertura sobre la búsqueda ciudadana en Corralejo volvió a abrir el eterno debate entre informar y aprovechar el dolor ajeno para ganar visitas.
Durante días, vecinos, voluntarios y cuerpos de seguridad participaron en las batidas organizadas para localizar a Katty Oosterlinck. En ese escenario, la emisora local y amiga de esta casa, DunasFM, con su director Alfredo Parra a la cabeza, mantuvo una cobertura constante, acompañando a familiares y amigos, difundiendo convocatorias y prestando apoyo directo en los momentos más difíciles.
Curiosamente, la rapidez de algunos medios solo apareció cuando llegó el peor desenlace. Porque mientras había que compartir carteles, movilizar personas y dar voz a la familia, el silencio era bastante cómodo. Sin embargo, cuando comenzaron a circular las primeras confirmaciones sobre el trágico final, las prisas periodísticas regresaron de golpe.
La búsqueda ciudadana en Corralejo dejó una lección incómoda para parte del panorama mediático
DunasFM decidió actuar de otra manera. La emisora esperó a que la propia familia confirmara oficialmente la noticia antes de informar sobre el fallecimiento. Un gesto básico de respeto que, en tiempos de clics rápidos y competencia salvaje, parece haberse convertido en algo casi revolucionario.
Porque sí, contar tragedias genera tráfico. Pero acompañar a una familia rota, sostener una cobertura humana y ayudar a movilizar a toda una población requiere algo más que una conexión a internet y un titular alarmista.
Mientras algunos convertían el dolor en contenido, otros estaban sobre el terreno. Sin focos artificiales. Sin titulares grandilocuentes. Sin necesidad de disfrazar el morbo de “última hora”.
El respeto hacia la familia desapareció en algunos titulares antes que la propia prudencia periodística
La situación también dejó otra reflexión evidente: el periodismo local todavía tiene profesionales que entienden que informar no significa atropellar la dignidad de las personas. Y que detrás de cada desaparición hay familiares pendientes de una llamada, no consumidores esperando espectáculo.
La diferencia no estuvo en quién publicó primero. La diferencia estuvo en quién decidió estar cuando realmente hacía falta.
Porque ayudar durante una búsqueda exige compromiso. Publicar el desenlace, cuando todo termina, es mucho más sencillo.






