Tras varias semanas fuera de Fuerteventura, el pastor Alberto Ares regresó al espacio radiofónico Despertando con Jesús con una reflexión que no dejó indiferente a los oyentes. Desde la localidad alicantina de Novelda, donde participa en un curso de formación ministerial, compartió un mensaje centrado en la fe, la perseverancia y el verdadero propósito de la vida.
Durante la entrevista emitida en Radio Televisión Sur Fuerteventura, Ares recordó una enseñanza basada en el Evangelio de Lucas, donde Jesús envía a 70 discípulos a predicar y estos regresan sorprendidos por los milagros que habían presenciado.
Sin embargo, según explicó el pastor, el mensaje de Cristo iba mucho más allá de los prodigios.
«Lo importante no es que los demonios se sujeten o que ocurran milagros. Lo verdaderamente importante es que vuestro nombre esté escrito en el libro de la vida», recordó.
Una llamada a recuperar la fe en tiempos difíciles
Ares abordó además una cuestión que afecta a muchas personas. Reconoció que, en numerosas ocasiones, los seres humanos se acercan a Dios cuando atraviesan problemas personales, enfermedades o situaciones complicadas.
Lejos de criticar esa realidad, defendió que siempre existe la oportunidad de volver a encontrar el camino de la fe.
Durante la conversación también analizó figuras bíblicas poco conocidas como José, el padre adoptivo de Jesús; Melquisedec, uno de los personajes más enigmáticos de las Escrituras; o Mefiboset, cuya historia representa la restauración y la esperanza para quienes creen haberlo perdido todo.
“Dios sigue esperando con los brazos abiertos”
Uno de los momentos más destacados llegó cuando el pastor recordó la parábola del hijo pródigo y aseguró que cualquier persona puede recuperar su relación con Dios.
“Hay personas que se alejan por las circunstancias de la vida, otras porque toman decisiones equivocadas. Pero Dios sigue esperando con los brazos abiertos para recibirlas”, afirmó.
El espacio concluyó con una reflexión sobre la importancia de mantener la fe incluso en los momentos más difíciles y con una invitación a confiar en que, según destacó Ares, “los tiempos de Dios siempre son perfectos”.






