La calidad del agua en Canarias vuelve al centro del debate. La Asociación Agua para La Palma, junto al ingeniero hidrólogo Carlos Soler, ha cuestionado duramente un estudio científico que alertaba sobre la presencia de microplásticos en aguas subterráneas de La Palma y El Hierro.
El informe, elaborado por investigadores de la Universidad de La Laguna y publicado en una revista científica internacional, señalaba la detección de estas partículas en diferentes muestras recogidas en ambas islas.
Sin embargo, desde el colectivo ciudadano aseguran que las conclusiones no son fiables. Argumentan que todas las muestras fueron tomadas en puntos previamente contaminados por plásticos. Por tanto, consideran que el estudio parte de una base errónea.
Dudas sobre las muestras: “los datos no cuadran”
El principal foco de crítica está en el método de muestreo. Según Soler, muchas muestras se recogieron en depuradoras, depósitos o pozos con contacto con materiales plásticos.
Esto, afirma, invalida los resultados. El agua analizada habría pasado previamente por tuberías o sistemas contaminados. Por ello, no reflejaría el estado real de los acuíferos.
Además, el dato de hasta 23 partículas por litro ha generado sospechas. Desde la asociación consideran que esa cifra es incompatible con la realidad de los acuíferos.
Argumentan que, al extrapolar esos valores al volumen total de agua subterránea, el resultado sería “imposible”. Especialmente en islas como La Palma o El Hierro, con miles de millones de litros en circulación.
También ponen en duda la antigüedad del agua. Recuerdan que los acuíferos pueden contener agua de cientos o miles de años. Esto chocaría con la presencia de plásticos modernos.
Acusaciones y debate sobre el modelo hídrico en Canarias
El informe no solo ha generado críticas técnicas. También ha abierto un debate más amplio sobre la gestión del agua en Canarias.
La asociación sugiere que este tipo de estudios podrían utilizarse para justificar la implantación de desaladoras. Consideran que se está “denostando” la calidad del agua subterránea.
En este sentido, denuncian intereses económicos y decisiones políticas cuestionables. Señalan que el impulso de desaladoras podría aumentar la dependencia energética.
Además, advierten de los riesgos en un contexto internacional inestable. Subrayan la necesidad de proteger los recursos hídricos naturales de las islas.
Por su parte, el estudio original defendía la necesidad de analizar la presencia de contaminantes emergentes. Sin embargo, la polémica sigue abierta.
En consecuencia, el debate sobre el futuro del agua en Canarias continúa. Entre la sostenibilidad, la ciencia y la gestión política.






