La entrevista en Pájara a Carmen Cabrera en 2005 retrata una Fuerteventura marcada por el esfuerzo y la unión
En esta entrevista en Pájara realizada en 2005, Carmen Cabrera Santana dejó un testimonio que hoy, en 2026, cobra aún más valor. Su relato en el programa Gente Nuestra mostró cómo era la vida en el municipio cuando todo giraba en torno al campo, la familia y el trabajo duro.
Desde la Casa del Artesano, su historia reflejó una realidad que ya empezaba a desaparecer. Una forma de vivir donde, pese a la escasez, predominaban la unión y la felicidad.
Una vida en Pájara marcada por el campo y el sacrificio
Carmen recordaba que creció en una familia de ocho hermanos en una finca de Malpaís. Allí, el trabajo comenzaba antes del amanecer. Su padre los despertaba temprano para aprovechar las horas frescas.
Se trabajaba sin horarios. De sol a sol. Sin descanso. Plantaban, recogían y cuidaban animales en un entorno duro, marcado por la sequía.
Uno de los detalles más llamativos fue cómo cargaban arena para conservar la humedad del suelo. Una técnica tradicional clave en una Fuerteventura con escasez de agua.
Aun así, en su casa no faltaba comida. La finca proporcionaba leche, queso, gofio o frangollo. Eso sí, el esfuerzo era constante y desde muy jóvenes asumían responsabilidades.
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Tradiciones y anécdotas de Pájara que hoy ya no se viven
Más allá del trabajo, Carmen destacaba la felicidad de aquella época. Los fines de semana eran para la familia. Se reunían primos y vecinos para cantar, tocar el timple y compartir.
Recordaba cómo se divertían sin dinero. Una guitarra, una botella de anís y ganas de pasarlo bien eran suficientes.
También relató cómo su padre le enseñó a bailar usando dos sillas como guía. O cómo vecinos acudían a su casa a beber leche recién ordeñada, considerada un alimento revitalizante.
Las Navidades tenían un significado especial. Tras la misa, recorrían las casas cantando y compartiendo dulces. La celebración era colectiva.
Además, habló de las dificultades laborales. Trabajó en los primeros hoteles del sur con sueldos bajos y contratos temporales. Incluso tenía que salir de madrugada por la falta de transporte en el municipio.
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A pesar de todo, su mensaje en 2005 fue claro: antes había más unión, más contacto humano y más felicidad.
Hoy, ese testimonio se ha convertido en una pieza clave para entender la historia reciente de Pájara y de toda Fuerteventura.
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