El Día Escolar de la No-Violencia y la Paz se conmemora, hoy 30 de enero, en un contexto internacional marcado por los conflictos armados, la inestabilidad geopolítica y el cuestionamiento de los principios democráticos. Lejos de ser una efeméride simbólica, esta jornada adquiere hoy una relevancia especial como espacio de reflexión educativa y social.
El año 2026 comenzaba con una intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, un hecho que evidencia el deterioro del orden internacional y el regreso de políticas basadas en la imposición de la fuerza. Este tipo de actuaciones remiten a viejas doctrinas del siglo XIX, como la Doctrina Monroe, sustentadas en las áreas de influencia, la dominación y el sometimiento de unos pueblos sobre otros. Modelos de relación internacional que la historia ya ha demostrado que conducen al conflicto, la desigualdad y el sufrimiento.
Este no es un hecho aislado. En los últimos años se han intensificado guerras y enfrentamientos en Ucrania, Palestina, Sudán, Myanmar, el Sahel o Haití, mientras otros conflictos se cronifican o reaparecen bajo nuevas formas. A ello se suman tensiones entre potencias regionales y globales que normalizan la violencia como herramienta política y ponen en riesgo la paz y los derechos humanos a escala mundial.
En este escenario, la educación cobra un papel central. Fomentar entre la infancia y la juventud el pensamiento crítico, el conocimiento histórico y la cultura democrática es esencial para evitar que estos modelos de confrontación se repitan. La historia no debe entenderse como algo lejano, sino como una advertencia permanente.
La democracia, los derechos y las libertades con los que hoy hemos crecido no han sido fáciles de conseguir. Son fruto de décadas de lucha y sacrificio de generaciones anteriores, especialmente de nuestros abuelos y abuelas. Defenderlos no es una opción, sino una responsabilidad colectiva. Cuando se olvida el origen de estos derechos, se abre la puerta al retroceso y a la pérdida de conquistas sociales fundamentales.
Resulta igualmente imprescindible conocer nuestra propia historia, también la vivida en Canarias y en Fuerteventura, para comprender los procesos de represión, resistencia y conquista de libertades que han marcado nuestro presente. Solo desde la memoria se puede construir un futuro más justo.
Vivimos además en un mundo saturado de información, donde el ruido constante y la desinformación, amplificados por las redes sociales, dificultan distinguir entre hechos y relatos interesados. Frente a ello, la educación vuelve a ser la herramienta más eficaz para formar personas libres, críticas y comprometidas con la convivencia.
Educación, juventud y futuro
Ante un contexto global que vuelve a mirar al pasado en lugar de avanzar, la educación para la paz y la defensa de la democracia se convierten en una prioridad urgente. Las jóvenes y los jóvenes son actores fundamentales para construir un futuro basado en el respeto, la justicia social y los derechos humanos.
Desde Juventudes Socialistas de Fuerteventura reafirmamos nuestro compromiso con una educación pública que forme ciudadanía consciente, informada y comprometida con los valores democráticos. Solo a través del conocimiento, la memoria y la participación activa será posible evitar repetir errores y avanzar hacia un mundo más justo y pacífico.





